25/02/2013

Encuentro II

El sábado por la mañana me levanté y puse radio tres dónde Joe ponía temas. Estaba sola en casa así que bailé mucho en la ducha y en la alfombra. 

Pensaba que el domingo sería un rollo porqué había quedado con una persona que hacía muchos años que no veía. De alguna manera me había alejado de ella porque me hacía sentir responsable de su vida de una manera que me incomodaba, no estoy segura. Me involucraba en proyectos para los que no estaba preparada, me llamaba siempre en los momentos en que yo estaba haciendo otra cosa que me daba palo contarle. Le había rechazado miles de llamadas y mensajes en los que me pedía que le devolviera sus libros. 
Pero la seguía queriendo. Me había enseñado un montón de cosas que me habían cambiado la vida. A respirar, a mirarme a mi misma con admiración, a reconocer algunos de mis llantos más débiles y a no avergonzarme tanto por ellos. Con ella había aprendido, también, a pensar en la juventud como algo duradero en el tiempo, algo interior que se manifestaba con más o menos intensidad según la persona y la música de fondo. 
Me había incomodado alguna vez, sí, pero siempre me había cuidado y acompañado con un cariño difícil de explicar. Amaba mucho el teatro y lo quería experimentar todo. En su vida, había llevado muchas cosas al límite y eso con los años le había hecho tan fuerte como débil. Así la veía yo.

Quedamos. La fui a ver a su casa y me contó que estaba enferma. Me vinieron ganas de llorar pero no lo hice aunque ella me había dicho mil veces que eso no era bueno. Le abracé muy fuerte varias veces y me senté en sus rodillas, en serio. También le hice bromas cuando ella me decía que las medicinas le estaban volviendo loca. "Tu ya eras una loca con un gato, antes", le contesté. 
Nos reímos y me puso el radiador eléctrico cerca para que no tuviera frío. Hablamos de Abramovic y de Berlín. Me contó que tenía amigos que la cuidaban de vez en cuando trayéndole medicinas y cremas alternativas. Le pedí perdón, sin decirlo directamente, por haber estado tan ausente con ella. Me contestó sin el menor rencor, expresando que le había encantado verme y sabía que la próxima vez sería igual de simple y fácil. Porque en eso consisten las amistades. De algun modo, da igual cuanto tiempo estés sin verte, siempre hay un momento en el que te reencuentras y ves los ojos de la confianza delante de ti. Los tienes que abrazar porqué así lo sientes, los aceptas, sean o no una constante en tu vida. Esos ojos, de manera puntual, se convierten en tuyos. 

Me despedí y le dije que yo no sabía nada de medicina alternativa pero de libros sí sabía. Así que la visitaré más a menudo y le traeré poesía.

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