15/08/2012

Le pareció importante.

Lloró y lo contó en tercera persona. Había pensado en hacer algo importante durante el verano. Pensaba escribir muchas poesias, ver muchas películas y leer cosas que le ayudaran en su camino de coja profesional. No hizo nada de eso. 
En cambio, lloró un día después de gritarle a su novio por una tontería y luego lo escribió en su blog. En tercera persona. 
También bailó un día hasta las 9 de la mañana en una fiesta, hizo el amor en medio del bosque delante de unas cabras, corrió con su madre para ver quién llegaba antes al coche, se torció el tobillo, nadó en un lago, en un río y en todo el mar que pudo. Escribió una carta con su amigo. Conoció a personas y deseó conocer mejor a otras. 
Ese verano, estaba siendo uno de los más bonitos, con más conversaciones y estrellas. Curiosamente, ambas cosas solían situarse a la altura de su cabeza y procedían o bien de sus amigos o bien de la parte comprendida entre los dos hombros de su novio, donde claro, solía ponerse a dormir.
No haría ya nada. Pero le pareció importante. 




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